miércoles 7 de diciembre de 2011

La marcha, medio sin mensaje.

La más reciente marcha convocada en el país a partir de los asesinatos de los secuestrados por las Farc, fue el momento para revivir un hecho icónico en la historia de la movilización política en Colombia, y de paso también un primer hito del poder masivo de los medios sociales, como fue el denominado 4 de febrero. Una vez se dio el atroz crimen miles de voces iniciaron la convocatoria a una marcha nacional, hay que reconocer que fueron primero los familiares de los secuestrados y que su clamor es por la liberación.

Tomado de: www.matadorcartoons.blogspot.com
Pero en la práctica, la voz de los familiares se confundió en un sinfín de mensajes que expresaban un sin número de emociones de todos los colombianos. Es cierto, existe un punto de quiebre con el asesinato y esa es la chispa inicial de la movilización, pero tantos sectores diversos convocando al mismo tiempo, más los sectores que se fueron sumando a su conveniencia, generaron una atomización de los motivos de la marcha. Todo actor y sector que se vinculó lo hizo con una agenda propia, defendiendo una causa diferente de la del otro, el mensaje así se vuelve ambiguo, se diluye en la obligación impuesta de marchar por no ser víctima de una sanción social y por comprar la paz de conciencia y la paz moral de no verse haciendo nada frente a las atrocidades de la guerrilla.

Las movilizaciones políticas son un medio para comunicar de forma masiva la adhesión a una causa, pero cuando existen miles de causas para una misma movilización ese medio pierde el mensaje, de forma estratégica no tiene sentido movilizar a millones de personas si cada una de ellas lleva un mensaje diferente, eso es tanto como caminar por un andén a medio día, cada ciudadano inmerso en sus preocupaciones, los convocantes a la marcha no fueron capaces de construir una agenda y trasmitirla, generar empatía hacia sus preocupaciones (tan validas como pocas en este país). El momento es claramente emocional, pero un mismo hecho conduce al odio o a la compasión, y es ahí donde se pierde el mensaje, pues los movimientos que trabajan día a día por la libertad de los secuestrados no han logrado construir un discurso, ni enmarcar las percepciones alrededor de de sus necesidades, gestionar las emociones de los colombianos a través del discurso político para que se encaminen a una misma serie de emociones movilizadoras y a la construcción de un debate público centrado en puntos concretos, que este medio tenga un fin.

En definitiva no es lo mismo una marcha contra las Farc que una marcha por la libertad de los secuestrados, las dos cosas no riñen entre sí, pero son motivaciones diferentes, se dan en un marco emocional distante y en medio de ellas caben tantas demandas que es imposible resumirlas acá pero que pasan por la desmovilización, la seguridad democrática, el reconocimiento del conflicto, el respeto a los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, la geopolítica, el acuerdo humanitario, etc. Nadie sabe a ciencia cierta cuál es el mensaje que trasmite esta movilización, no existe un discurso, el medio se expone vacio. Una agenda completamente atomizada y la carencia de un mensaje contundente hacen de esta movilización una oportunidad desaprovechada, pues el mensaje inicial de los familiares se desvaneció por completo y lo multitudinario solo es noticia por si mismo pero no trasmite un mensaje, o lo que es peor trasmite tantos mensajes al mismo tiempo que se convierte en ruido, y de ese modo llegará el punto en que ya nadie quiera escuchar.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada